Cuando todo sale mal, la pesca te alegra el día

04-08-2011 Ayer en la noche me llamó mi amigo de pesca walter para invitarme a pescar ante las buenas capturas que he obtenido, le digo que el horario de las mareas no era el adecuado ya que la llena estaba al mediodía por lo que temprano nos encontraríamos con una baja grande pero acordamos ir mas que nada para darle algunos consejos.

por lo mismo puse el despertador bastante tarde, a las 8, elijo el equipo, esta vez la gloomis grande y el stradic4000 ya que quería probar una chispa que diseñe aunque pensada para lograr mayor distancia en zonas correntosas, no precisamente lo que en contrariamos hoy, me subo al jeep y no parte, panne de bateria... partimos mal.

cambio todo al auto y parto, como estábamos en plena baja me dirijo a la zona sur de playa amarilla que tiene los pozones mas lejos, y para dejar al auto visible lo acerco a la orilla sin darme cuenta de una piedra que me rompe el parachoque que es fibra.

bueno, que le vamos a hacer, a lo que vinimos

esta vez utilice una vieja cocodrilo que había cobrado por lo menos 7 corvinas grandes pero el tiempo había dejado su huella en ella, el cromado desapareció y dio paso al bronce, como tiempo me sobra la enchule pegandole una cinta reflextante, pintándole los bordes amarillo y negro y colocándole una armada de 3 anzuelos, el ladrón con pelos de chivos.

primer tiro, bastante largo, unos 70 mtrs. recojo unos 10 y golpe seco, estay we........ , empezó una pelea increíble, la corvina muy inteligentemente utilizo las corrientes para ganar largos metros,me habrá sacado fácil unos 80 mtr., sin apuro empece a trabajarla en una pelea que duro largo rato, al punto que en un momento hicimos un pacto con la corvina y descansamos los dos por algunos segundos para continuar la pelea, ya en la orilla sin olas y con mucha paciencia espere unas 6 ó 7 olas antes de vararla, en eso llega el walter.



en la casa me están pidiendo cambiar el menú, así que vamos a organizar alguna salida exclusiva al lenguado.

saludos amigos pescadores

por Mauricio Hernández Aliaga