El legado de un ícono

Y llegó aquel tiempo caluroso, el que esperamos todo el año, el tiempo de la reproducción, son tanto los ciclos en que esperamos la temperatura ideal, la marea adecuada, la lucha por el territorio, ganar el derecho a fecundar los huevos de las hembras, perpetuar la especie y lograr la creación de la nueva generación, ¿Cuántos ciclos ya?, quizás 10, quizás 15, aquí estoy otra vez, un sobreviviente, él que manda en esta playa, me he ganado el derecho, soy un reproductor.
Pero también es tiempo de peligro, acercarse tanto a la orilla puede ser mortal, soportar la alta temperatura que te asfixia, lo lobos y esos desagradables seres de dos piernas que se me meten al agua, crean alboroto, contaminan, distraen, hay que estar atento y defender tu zona.
Amanece, encuentro una hembra, es pequeña y los huevos no son de calidad, no importa, ya vendrá otra mayor, espero la marea para llegar al canalón de la orilla, los otros ya están acá, espero, paciente el momento adecuado.
No hay tiempo para alimentarse, es una distracción no obstante una presa fácil nunca viene mal, el día será largo y aparearse consume mucha energía De pronto lo veo, un pejerrey solitario, desorientado, lento, mejor sería acabar con su triste existencia, espera… aún no, espera, ya casi… pafffttt
Lo agarro sin problemas, lo tengo en la boca, bajo a mi refugio, no lucha, al parecer se entrega a su destino, lo volteó y me lo trago sin más, viene bien un poco de energía extra, a esperar, ya casi el canalón está lleno.
Siento algo raro en la garganta, una punzada que duele, me agito, trato de regurgitarlo y siento un golpe seco, un puñal en mis entrañas y una fuerza enorme que me arrastra, ¿Qué pasa, que es esto?. Y lo veo, una línea delgada me arrastra a la orilla, lucho con todas mis fuerzas y entre más lucho más siento el puñal dentro de mí.
Uso todas mis fuerzas pero la marea me traiciona y pierdo posición, me arrastra peligrosamente a la orilla, sigo buscando el refugio de la roca con el huiro, casi lo logro, solo unos metros más pero no soy capaz y con impotencia pierdo todo lo ganado.
Los segundos pasan rápido, recuerdo cuando era poco más que un alevín la misma situación, un pejerrey traicionero pero en aquella vez no tuve oportunidad de pelear contra un titán, no sentí dolor en esa oportunidad, la adrenalina y el pavor me bloquearon, recuerdo a ese ser que me sostenía en el aire agarrado por esa misma línea de mis entrañas pero aquella vez ocurrió el milagro, no sé cómo pero caí a la arena, el golpe secó sobre esa arena caliente, un golpe con sus pies y una ola me rescató de mi destino fatal.
Ya diviso a esos seres, hay tres cerca de mí, me aferro al fondo con el resto de mis fuerza pero las olas que me cobijaron y me protegieron hoy están en mi contra y me arrastran al destino final, pasa la última ola y estoy fuera de mi medio, varado en la arena mirando atónito mi fin.
Esta vez trato de moverme para repetir el milagro, caer a la arena, volver al mar pero esta vez estoy firmemente agarrado por las dos manos de ese ser, se acercan otro, escucho ruidos, el sol me sega, las manos calientes laceran mi cuerpo, no puedo respirar, mi corazón va a estallar, estoy exhausto, estoy muriendo a manos de un predador mayor.
Recobro la conciencia, ese ser tiene sus manos en mi garganta, no logro distinguir nada más que ruidos y sombras, de pronto lo veo, aquel pejerrey, desorientado y perdido con un gancho en el lomo, cómo fui a caer en ese engaño, cómo no lo vi, seguido de esa línea, la línea de la muerte.
Pasan por mi mente imágenes de mi vida, mi primer cruce con una hembra, aquella varazón de anchoas y comer hasta devolver, aquella playa que me vio nacer, aquel delfín que me cortó un pedazo de la cola, luego la nada, oscuridad, ya no respiro, ya no siento… ¿es esto morir?.
Un espasmo me devuelve al mar de los vivos, estoy nuevamente bajo el agua pero asido fuertemente por ese ser, el agua vuelve a llenar los capilares de mis agallas, respira, solo respira, siento cómo mis músculos vuelve a llenarse de vida, respira, veo a lo lejos mi roca con el huiro, respira, si tan solo tuviera fuerzas para aletear y soltarme, respira, lo intento pero apenas logro moverme y no me suelto, respira, si tan solo pudiera volver a esa roca, respira, solo concéntrate en respirar y sin darme cuenta ocurre el milagro.
Estoy libre, esas manos me han soltado, nado con toda mi fuerza y me escondo en mi roca, aterrado, con el corazón a mil, incrédulo y vivo.
Desde ahí miro a ese ser que levanta los brazos y los cruza con los del otro ser que tiene al lado, me escondo y miro de lejos. Poco a poco me calmo y me doy cuenta de lo que sucedió, me ha liberado, ¿por qué?.
Quizás nunca lo entenderé, pero mi descendencia de ahora en adelante se la debo a ese ser.
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Saludos y buena pesca para todos.

Mauricio Hernández Aliaga – Mecano



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