Los sentidos de los peces

Por Mauricio Hernández aliaga – Mecano

Cuando entramos al mundo de la pesca con señuelos artificiales, lo primero que deberíamos comprender es cómo los peces perciben su medio, para de está manera poder entender mejor las cualidades que pudieran tener nuestros señuelos, potenciando sus capacidades y estando consciente de sus debilidades, sin embargo es bastante difícil este ejercicio, partiendo por el hecho que el medio acuático nos resulta muy ajeno a nuestros sentidos humanos y es muy difícil generalizar ante una variedad inmensa de especies, muchas de las cuales se especializaron en agudizar ciertos sentidos por sobre otros en su evolución. Sin embargo creo que resulta interesante al menos tener una mirada somera sobre este tema y poder comprender mejor a nuestros esquivos peces, dejando de antemano las excusas técnicas y científicas ya que no soy biólogo sino que simplemente lo que presento a continuación es un resumen de una basta documentación colgada en internet que he resumido y adaptado pensando en lo que nos convoca cómo pescadores y en las especies marinas más cercanas a nuestra fauna. Espero que guardando el alcance restringido de este documento sirva de orientación general y podamos seguir especializándonos cómo pescadores recreativos.

Sean todos bienvenidos

El olfato

La evolución más típica de un pescador recreativo es partir con un equipo humilde, quizás una catalina de mano y carnada biológica, lanzar nuestra carnada y deja que el olor atraiga a los peces, lo más avezados usan un método llamado enguarar, que es moler carnada y lanzarla en la zona de pesca unos 10 minutos antes de iniciar la jornada, lo que ciertamente atrae a mucho más peces. De esta forma estábamos exaltando el sentido del olfato de los peces en nuestra acción de pesca.

Y es que el olfato en los peces en general está muy desarrollado, destacando los escualos y rayas con una gran sensibilidad, también los peces de hábitos nocturnos se apoyan de sobremanera en este sentido.

Generalmente los órganos sensitivos, que se denominan Narinas se encuentran en la parte superior de la cabeza, una por cada lado, consiste en una fosa que permite ingresar agua a una cavidad en dónde se analizan las moléculas de agua y luego son expulsada por el orificio posterior.

En materia de señuelos artificiales, son varios los intentos por aprovechar el olfato de los peces, diversos aceites impregnados de esencias de peces o moluscos pero quizás el más reconocido sea la serie alive de Berckley con una amplia variedad de vinilos tanto de agua dulce cómo salada con formas de almejas, jibias, sardinas, pulgas de mar y un largo etcétera. Sin bien es cierto hay una mejora en el índice de capturas tampoco es nada tan sorprendente, si le sumamos la incomodidad de cargar el pote con el líquido impregnante ya que los vinilos deben estar sumergidos en él y se deben recargar cada cierto tiempo, hace que el balance sea discreto.

Cómo podemos deducir el olfato es un sentido fundamental en la alimentación de los peces, sin embargo en lo que a señuelos artificiales se refiere aún nos queda un largo camino de optimización de nuestros artificiales para potenciar el atrayente olfativo en nuestros señuelos. Sin embargo el enfoque que personalmente veo es el contrario, que nuestros señuelos más que atrayentes en los referente al olfato se conviertan en un repelente. Bien es sabido entre los pescadores de agua dulce lo nefasto que resulta manipular las moscas o señuelos con las manos impregnadas en bloqueador solar, cremas o simplemente fumar, seguramente en el mar por la masa de agua infinitamente mayor estos aspectos sean irrelevantes pero muchos de nuestro señuelos, especialmente los señuelos blandos o vinilos, presentan fuertes olores a químicos, o ciertos compuestos pulidores de nuestros jig o chispas de aleaciones de plomo-estaño para hacerlas brillar generan olores contaminantes del mismo nivel, incluso por algún tiempo se popularizo el empleo del conocido desplazador de humedad wd-40, un compuesto en base a petróleo, y de esta forma podemos sumar el óxido de nuestros anzuelos, pegamentos y recubrimientos diversos y un largo etcétera, por lo que debemos estar atentos a considerar este aspecto.

Teoricemos un poco, a mucho de nosotros, parados sobre un roca en un día de aguas claras hemos visto cómo un predador persigue nuestro señuelo por varios metros y cuando esperábamos la mordida, el pez a último momento gira y se aleja. las razones son difíciles de explicar tajantemente pero una buena explicación estaría dada por el olfato que le dio un aviso de algo anormal.

El Oído

Partamos por describir a grandes rasgos el oído en la mayoría de los mamíferos terrestres. En estos animales el oído está dividido en tres secciones, la primera denominada oído externo lo conforman lo que llamamos oreja, o más técnicamente pabellón auditivo, y tiene cómo función dirigir los sonidos hacía el interior del órgano,  en la mayoría de los animales se pueden orientar las orejas de modo de poder captar de mejor forma los sonidos, capacidad que los humanos hemos perdido pero sorprendentemente unas pocas personas aún pueden mover a voluntad la orejas (vea en un espejo si es uno de ellos, una compañera del colegio lo podía hacer). Esto es importante ya que las ondas sonoras rebotan de forma diferente dentro del pabellón auditivo dependiendo del origen de su fuente, lo que nos permite determinar de dónde viene el sonido, de atrás o de adelante, y desde que costado, al percibir más fuerte el sonido en una oreja que en otra.

Luego tenemos el oído medio, en dónde nos encontramos con el tímpano, que es una membrana con forma de cono, fuertemente tensada que vibra al recibir las ondas de presión generadas por el sonido al desplazarse por el aire, luego del tímpano tenemos tres pequeños huesos, los más pequeños del cuerpo, el martillo, el yunque y el estribo, que conectados entre si permiten amplificar estas ondas y transmitirlas al oído interno. Una cosa curiosa del oído medio es que la presión a ambos lados del tímpano debe ser pareja, o de lo contrario se sienten molestias cómo las que sentimos al subir un cerro alto en dónde la presión atmosférica baja en relación a la que tenemos al interior del oído, lo que produce alteraciones en la audición e incluso dolor. Para poder remediar estos cambios de presión el oído está conectado con la nariz de forma de liberar presión y poder igualarla con la exterior, y viceversa.

Finalmente llegamos al oído interno, que es el lugar en dónde las ondas sonoras se transforman en impulsos eléctricos que el cerebro traduce cómo sonidos. Dentro del oído interno nos encontramos con el laberinto, una cavidad con forma de concha de caracol en espiral llena de líquido, con miles de fibras o pelitos de distinto largo y grosor, que responden o se excitan a una frecuencia determinada, de está forma una onda de sonido, que ya viene filtrada y amplificada por el oído medio,  activa una cantidad determina de fibras que es recogida por el órgano de corti y mediante el nervio auditivo, le informa al cerebro de que cantidad y de que tipo de células se excitaron. Además en el oído interno al comienzo del laberinto tenemos tres cavidades, llamadas canales semicirculares que están llenas de líquido y contiene una pequeñas piedrecitas que con el movimiento tocan los bordes de estos canales permitiéndole al cerebro determinar la ubicación espacial del cuerpo, es decir este órgano se encarga del equilibrio y es el responsable de que nos mareamos al subirnos a un bote ya que el movimiento interno del líquido dentro de estas cavidades se sigue moviendo aún cuando nosotros mismos ya hubiéramos bajado del bote, hasta que finalmente se estabiliza y se termina la sensación.

En el caso de los peces, el desarrollo del oído fue menos complejo, en parte porque en el agua el sonido se propaga más rápido y más lejos (hasta 5 veces) que en el aire, de modo que no requirió de una estructura externa que lo encausara, filtrara y amplificara, y sólo fue necesario el oído interno, que es muy similar al de los humanos. Cómo las ondas sonoras viajan más fácilmente en el agua la distancia a la que pueden escuchar los peces es muy grande y llevado al extremo en los cetaceos que se comunican a cientos de kilómetros mediante el sonido. Sin embargo, la agudeza auditiva de los peces es más limitada en amplitud, tendiendo a percibir mejor los sonidos graves y limitar los agudos, hay algunas especies que escuchan mejor conectando el oído interno con la vejiga natatoria a modo de caja de resonancia pero ni nuestra corvina, ni lenguados, cabrillas ni peces objetivos de nuestras costas pertenecen a esta sub-orden(ostariophysi). Otra desventaja de carecer de oído externo es que les resulta difícil precisar el origen del sonido, lo que compensan largamente con otro sentido que analizaremos más adelante, cómo lo es su línea lateral.

Mención a parte son los peces cartilaginosos, cómo los tiburones,  que si tiene una especie de oído externo y se apoyan bastante más en la audición para cazar.

En cuanto a la aplicación de los sonidos en la acción de la pesca recreativa, ciertamente hay sonidos que disparan el instinto de caza de los peces, cómo el de los cormoranes clavándose en medio del cardumen de anchoas o sardinas,  o el sonido característicos de los pequeños peces saltando fuera del agua tratando de arrancar de los depredadores. En esa línea hay un desarrollo interesante de dotar con sonidos a nuestros señuelos, quizás el más universal sea el Popper, es un señuelo duro de cabeza cóncava y de acción superficial, que al recogerlo a fuertes tirones golpea la superficie del agua, salpicando aparatosamente y haciendo un sonido clásico de pop pop pop del cuál deriva su nombre y que se asemeja a la caída de un pez pequeño luego de saltar fuera del agua. Otro señuelos explotan un pequeño cascabeleo generado por el golpe de bolitas de metal en su interior que acusan su posición.

Bajo mi experiencia, la incorporación de sonidos a nuestros señuelos resulta altamente eficiente en virtud de una actividad de caza inminente de los peces, con esto me refiero que si nos encontramos con una cardumen de serviolas en plena actividad, el grado de efectividad de un popper será altísimo ya que le permitirá al cazador identificar con claridad a su victima «artificial» dentro del frenesí del momento, no obstante si no visualizamos actividades de caza en la superficie el grado de efectividad de este señuelo baja considerablemente. Finalmente y al igual que con el olfato, hay que tener especial cuidado de que este aspecto no nos juegue en contra, y aunque en general los peces no pueden oír la frecuencia de nuestra voz, seguramente huirían ante un subwoofer tocando el hit del momento, correr en la orilla o arrojar objetos al agua.

La Visión

La visión para los humanos es el sentido predominante, se estima que dedicamos más un tercio de nuestra capacidad cerebral en los procesos visuales, tenemos cómo media una capacidad de percibir más de un millón de colores y un nivel de contraste que aún no puede igualar ni la más moderna cámara fotográfica. Sin embargo el ambiente acuático genera importantes alteraciones en la propagación de la luz, por lo que la visión en los peces, que si bien es cierto tiene una evolución común con la de los humanos, difiere bastante en agudeza y resolución, adaptándose a dichas condiciones. Para entender mejor estas diferencias, partiremos por tratar de entender la anatomía del ojo humano y cómo es el proceso mediante el cuál captamos los onda lumínicas y las interpretamos cómo imágenes.

Si revisamos el ojo humano desde afuera hacía dentro, lo primero que encontraremos es la córnea, que de manera simplificada podríamos decir que es el lente protector que permite aislar el ojo del entorno, es una capa transparente y redondeada que es constantemente lubricada por los lagrimales y limpiada por los párpados, cuando la superficie de la cornea se altera, ocurre una patología que se llama astigmatismo que dificulta el enfoque del ojo. Luego tenemos el conjunto del Iris que es la zona coloreada del ojo y la pupila,  que es la zona negra al centro del ojo, en conjunto ellas actúan cómo un diafragma que al contraerse limitan la cantidad de luz que entra al ojo y al expandirse en condiciones de poca luminosidad permiten que ingrese mayor cantidad de luz. A continuación esta el cristalino, que es una especie de lente con forma de lenteja, que al ser manipulado por fuertes nervios que lo sostienen le permiten ajustar su forma permitiendo un enfoque rápido de objetos tanto a larga cómo a corta distancia, es cómo si pudiéramos cambiar los lentes de enfoque a voluntad, un lente grueso para ver de cerca y un lente más delgado para ver de lejos, esos cambios se hacen con gran velocidad tanto sólo con tensar o relajar los nervios que lo sostienen. Una alteración en la capacidad de ajustar el cristalino es la mayor causa de la conocida patología llamada miopía. Finalmente en el fondo del ojo está la retina, que es una capa llena de células fotoreceptoras que se activan al recibir ciertas frecuencias de ondas lumínicas y que son transmitidas al cerebro por el nervio óptico. Una alteración genética en las células que componen la retira dificulta la percepción de los colores, una patología que se llama astigmatismo.

Cómo podemos ver el proceso de captar las ondas lumínicas y transformarlas en imágenes es bastante complejo y consume mucha capacidad cerebral, si le sumamos que las imágenes que capta el ojo al pasar por el cristalino se invierten, lo que debe ser corregido por el cerebro, calculando el enfoque e interpretando las tonalidades en base a miles de respuestas entregadas por las fotoreceptores de manera continua, sin contar que la visión en los humanos también juega un importante papel en el equilibrio junto al oído, obliga la cerebro a tomar atajos para aminorar la carga de trabajo. Uno de estos atajos tiene que ver con la visión perisférica, y es que el cerebro realmente procesa en detalle un pequeño campo visual de unos 30° que se ubica al frente de los ojos, cómo cuando estamos leyendo, nos centramos en las palabras que están al frente, y todo el campo visual que está alrededor lo percibimos con mucho menor detalle, aminorando así la cantidad de trabajo a procesar, otro fenómeno usual es que el cerebro en base a patrones aprendidos puede anticipar los movimientos induciendo imágenes que realmente no captamos físicamente, esto sucede por ejemplo si vemos pasar un balón de fútbol de un lado al otro de nuestro campo visual, calculando la velocidad el cerebro interpretará que en el segundo siguiente ese balón estará en determinada posición, generando la imagen respectiva de manera automática, rellenado los vacíos y no procesando la información física del ojo propiamente tal, a estos atajos los magos le sacan mucho provecho en sus trucos. En virtud de esto es entendible que muchas especies en su carrera evolutiva optaran por potenciar otros órganos sensoriales por sobre la visión, especialmente en ambientes en que la luz se ve alterada, toda vez que el gasto energético que implica el manejo de la visón es sumamente alto.

Para entender mejor la repercusiones de los cambios morfológicos de la visión de los peces veamos las diferencia de cada parte del ojo en relación con los humanos y cómo estos cambios repercuten en la visión de los peces.

Los cambios externos son obvios en relación al ojo humano, en primer lugar los peces no tiene párpados (salvo algunos tiburones que tiene un tipo especial de párpados que lo ocupan al momento de atacar una presa), por lo que técnicamente no pueden dejar de ver, reacción innata en los humanos ante una fuente lumínica muy alta (y cuando nos asustamos). La posición de los ojos también es un factor diferenciador importante, ya que cómo veremos más adelante, los peces en general optaron por mejorar la visión periférica por sobre la binocular, disponiendo los ojos al costado de la cabeza y no al frente, y el globo ocular se encuentra bastante más expuesto que en los animales terrestres, lo que les permite ampliar su rango visual a casi 360°.

Recordemos que el conjunto del Iris y pupila en nuestros ojos funciona cómo diafragma, que se contrae y se dilata de manera bastante rápida lo que nos permite ajustar la cantidad de luz que ingresa al interior del ojo. En los peces el conjunto iris – pupila es fija, por ende no puede controlar a voluntad la cantidad de luz que ingresa al ojo, por lo que los peces no pueden adaptarse a cambios rápidos en las condiciones lumínicas, cosa que deben saber muy bien los acuaristas y que resulta trascendental en las ventajas que pudieran tener nuestros señuelos artificiales, aspecto que analizaremos en detalle cuando revisemos los fotoreceptores presentes en la retina y cómo los peces se adaptan a los cambios lumínicos.

El cambio funcional más grande esta dado por el cristalino, recordemos que en nuestros ojos es un lente con forma de lenteja que estirado  y contraído por fuertes nervios, que se llaman músculos ciliares,  lo deforman engrosándolo o adelgasándolo de manera de poder enfocar con precisión objetos tanto cercanos cómo lejanos. En los peces el cristalino tiene forma esférica, seguramente casi todos lo hemos notado al comer un rico caldillo de congrio y encontrar una esfera blanca pequeña, eso es el cristalino que sometido al calor se solidificó y se blanqueó.  Al ser circular permite ampliar el campo de visión, algo muy conocido en el mundo de la fotografía, con un lente que precisamente se llama ojo de pez, el gran angular, que curvando la superficie del lente logra el mismo efecto que se aprecia en la foto adjunta.

Obviamente esto tiene su costo, ya que si bien es cierto abarca mucho más espacio de visión, prácticamente permitiendo mirar a todos lados, arriba, abajo, atrás, adelante,  pierde definición y tiende a deformar los objetos, esto nos ratifica que los peces optaron por una visión amplia enfocada en la detección de movimiento más que en una visión de alta resolución.

Este aspecto de la visión de los peces, la baja resolución de su visión periférica lo podemos explotar en nuestros señuelos artificiales, ya que la respuesta visual de los peces estaría dada por detectar movimiento más que por identificar con gran detalle eso que detectó, permitiendo fijar la atención del pez en nuestro señuelo. Existe un movimiento en los señuelos que se llama Rolling, que se traduce cómo girar, es una especie de bamboleo sobre el eje del señuelo, cómo que va a rodar sobre si mismo pero sin llegar a hacerlo para luego devolverse hacía el lado contrario, exponiendo secuencialmente su lomo y panza, y utilizando colores de alto contraste entre ellos se logra un efecto de luz intermitente, cómo se aprecia en el video, colores de alto contraste son lomo negro, panza blanca, lomo azul, panza naranja, entre otros, que en lo personal me resultan muy útiles para destacar esta cualidad en mis señuelos.

Otro aspecto funcional que podemos deducir de la forma del cristalino de los peces, es su capacidad de visión a larga distancia, en nuestros ojos el ajuste de la forma del cristalino de manera dinámica sumada a la distancia entre este y el fondo o retina, permite que podamos enfocar objetos a un distancia de hasta 5 klms, con cierta definición, siempre y cuando las condiciones ambientales sean óptimas. En el caso de los peces al no poder cambiar la forma del cristalino para poder enfocar objetos distantes lo que hace es mover adelante y atrás el cristalino mismo para lograr el enfoque, esto esta limitado por el espacio, ya que al ser redondeado ocupa más espacio dentro del ojo por lo que la distancia entre el cristalino y la retina es menor que en nuestros ojos, estimando que la distancia máxima que puede ver un pez es de unos 15 metros, es decir, generalizando, los peces son miopes.

Esto cobra sentido si  le sumamos un proceso físico que ocurre con la luz dentro del agua, que se denomina difuminación, que es cuando las ondas lumínicas se ven reflejadas en partículas en suspensión, ya sea arena fina, algas u otros objetos, es muy similar a cuando intentamos sacar una foto en la playa de noche en dónde la luz del flash se ve reflejada en las pequeñas gotas de rocío que flotan en el aire, por lo que aunque los peces tuvieran una visión muy aguda no podrían sacarle provecho bajo esas circunstancia.

Cómo acabamos de ver, el poseer un cristalino circular y la disposición de los ojos a cada costado de la cabeza le otorga una visión periférica a los peces de prácticamente 360°. Sin embargo otro aspecto importante de destacar en el proceso de la visión, es que para poder medir la distancia a la que se encuentra un objeto, es necesario enfocarlo con ambos ojos, para que de esta manera el cerebro pueda comparar las dos imágenes generadas y calcular las diferencia de profundidad del objeto en relación a ellas.

La evolución indica que los humanos tenemos la disposición de los ojos al frente cómo herencia de los primates que necesitan calcular con precisión la profundidad de los objetos para poder saltar con seguridad de rama en rama. En términos generales los animales cazadores requieren calcular con exactitud las distancia para poder medir las emboscadas, y los animales que tienden a ser devorados están mejor adaptados a percibir el más mínimo movimiento que les de ese segundo de ventaja para huir.

Una excepción a la visión general de los peces lo da el lenguado, que al poseer ambos ojos en el mismo costado de la cabeza puede calcular a la perfección la distancia y emboscar con mucho éxito a sus presas. En la imagen anexa podemos observar el campo de visión de dos peces, un pejerrey con disposición de sus ojos a cada lado de la cabeza y de un lenguado, con los ojos muy frontales en el mismo costado de la cabeza, el campo de visión de un ojo (monocular) le permite detectar movimiento pero sólo cuando se cruzan los campos visuales de ambos ojos (binocular) es cuando puede medir las distancias.

Si el campo de visión es más limitado obliga al animal a girar la cabeza, lo que por si implica varias adaptaciones morfológicas extras, en el caso de los peces, sacamos mucho provecho de su arquitectura de amplio campo visual monocular y un muy reducido campo binocular, ya que le será fácil detectar nuestro señuelo si pasa a menos de 15 metros de él, y si le aplicamos la velocidad y movimientos adecuados, captará su atención y moverá la cabeza para poder centrarlo en su campo de visión binocular, calculando el tiempo y distancia que le tomaría cazarlo, si esa ecuación es favorable para el pez iniciará el ataque concentrado en nuestro señuelo y enfocará todos sus sentidos en lograr embestirlo con lo que tendremos medio trabajo ya hecho.

En virtud de este aspecto, cómo objetivo en nuestros señuelos, deberíamos potenciar la detección en el campo periférico de visión del pez, más que centrarnos en detalle finos por lo que no debemos preocuparnos mucho con cosas cómo ojos 3d, escamas grabados con láser, o degrade de colores ya que es muy poco probable que el pez logre visualizar ese nivel de detalle,  y más bien lo que deberíamos buscar es lograr un buen contraste con el entorno, cómo lo son el brillo plateado de nuestros jig en aguas claras (cómo el efecto de señales de auxilio con un espejo), los colores negros en contraste con la luminosidad del cielo nocturno, colores claros contra fondos oscuros, lados con franjas o puntos que rompan el trasfondo uniforme, etc.

Finalmente llegamos a la retira, que es la capa posterior del ojo en dónde llegan las ondas lumínicas que traspasan la cornea, ingresan por la pupila y son enfocados por el cristalino. En dicha capa poseemos millones de células especiales que se activan cuando reciben la luz en la longitud de onda adecuada, generando un impulso eléctrico cómo respuesta. El ojo humano dispone de tres tipos diferentes de células que procesan los colores, los llamados conos, los que reciben las ondas largas responden a las tonalidades rojas, las onda medias a la luz verde y las de onda corta al azul, con la combinación de estos tres colores podemos diferenciar cómo media 1 millón de colores, esto en computación nos resulta muy familiar ya que el RGB(red-green-blue  = rojo-verde-azul) es el estándar que se utiliza para la proyección y recepción de imágenes, en dónde cada color resulta de la combinación de estos tres primarios, expresados en valores que van del 0 al 255, de está forma para enviar el color negro sería 255-255-255, el blanco 0-0-0, alguna tonalidad de rojo 186-74-0.

En el caso de los peces, la gran mayoría además de poseer estos mismo tipos de células tiene un cuarto tipo de cono que les  permite ampliar su espectro visual a los colores ultravioleta, invisible para nosotros, tal cómo la gama infrarojo de nuestros controles remotos, esto tiene sentido por un proceso físico que le ocurre a la luz al ingresar en el agua que se llama absorción.

La luz solar que vemos cómo luz blanca, en realidad es un compuesto de toda la gama de tonalidades que somos capaces de ver pero que al ser reflejada por un objeto, este absorbe algunas frecuencias, por ejemplo cuando vemos algo de color negro, quiere decir que ese objeto absorbe todas las ondas lumínicas ( y las transforma en calor) y el color negro es en realidad la ausencia del color, en caso contrario un objeto de color blanco es el que refleja todos los colores y no absorbe ninguno. Del mismo modo vemos una lechuga verde porque ese vegetal absorbe las ondas rojo y azul y sólo llegan a nuestros ojos las ondas correspondiente al espectro de color verde, bajo la misma lógica se pueden mezclar las diversas longitudes de ondas filtradas, así por ejemplo un limón bien amarillo es producto que absorbe el color azul y refleja las tonalidades rojas y verdes, que mezcladas entre si nos permiten visualizarlas amarilla.

Este mismo fenómeno físico le ocurre a la luz en la medida que tiene ante si una masa de agua, hay colores que son reflejados y otros son absorbidos por el mismo objeto de forma diferente en relación con la cantidad de agua que tenga ante si. Uno de los investigadores que documentó esté fenómeno fue el recordado Jack Cousteau, que hizo observaciones a cerca del color de la sangre de los peces al ser arponeados, a una profundidad de 15 metros la sangre se observa negra(es decir, a esa profundidad se absorbieron todos los colores), a 10 metros de una tonalidad verdosas y a menos de 5 metros roja. Y es que el primer espectro que se absorbe son las onda de mayor frecuencia, las tonalidades rojas, a continuación las amarillas, verdes, azules y finalmente la que más penetra es la ultravioleta, que nosotros no vemos, pero que los peces evolucionaron en su visión para poder percibirla.

La incorporación de colores ultravioletas en nuestros señuelos, especialmente jig, cobra mucha importancia en la pesca en bote al estilo jigging, en dónde fácilmente se alcanzan profundidades tales en que los colores tradicionales se pierden, sin embargo en la pesca orilla el fenómeno igual tiene importancia ya que la absorción no sólo es en vertical sino que también en horizontal aunque en menor medida, quizás no lleguemos a necesitar el espectro ultravioleta para la pesca desde orilla, pero si debemos tener en cuenta que los rojos y verdes es muy probable que se perciban cómo grises y azules, que contrastado precisamente con un fondo azul-verdoso haga que se mimetice y sea difícil su detección.

El debate de que colores a usar nunca tendrá una respuesta muy definitiva y está sujeto a varios factores ambientales y conductuales de los peces, por lo que sería aventurado establecer algunos lineamientos al respecto, sin embargo para redondear el factor «colores» debemos considerar que hay una gran diferencia en la percepción de colores de los peces bentónicos, es decir los que viven asociados al fondo marino, cómo nuestros lenguados, cabrillas, mulatas que si ven los colores bastante similar a cómo lo veríamos nosotros (debajo del agua por cierto) y los peces pelágicos, que son los que viven y se alimentan en aguas abiertas, cómo jureles, sierras, serviolas que tienden a tener una pobre percepción de colores, toda vez que en alta mar no hay colores, sólo un gigante y profundo desierto azul.

Las diversas tendencias en patrones de colores de los fabricantes, van desde colores fluor y patrones de alto contraste cómo el conocido Fire Tiger o el clásico red hat, a colores más clásicos agregándole contraste con puntos o manchas de colores hasta replicas exactas en forma y color de peces pasto. La lógica indica su uso bajo condiciones de visibilidad bajas hasta máximas respectivamente. Hoy en día se imponen claramente los patrones listados y efectos tornasol que juegan en la línea media entre alta visibilidad y colores naturales, cómo la conocida tonalidad candy, que se aprecia en la parte baja de esta imagen.

Teorizando un poco podríamos intentar levantar una teoría la interrogante del porqué las corvinas no responden prácticamente nunca a las armadas que hacemos para la pesca del lenguado con pejerrey, que son muy eficientes tanto para el lenguado cómo para las cabrillas pero no así con las corvinas. Con lo visto anteriormente podemos deducir que tanto los lenguados cómo las cabrillas son peces estrictamente bentónicos, es decir viven asociados al fondo marino y este tipo de peces tiene una muy buena visión(con las limitante de corta distancia y claridad del agua vistas), en cambio la corvina gusta más de áreas abiertas por lo que su visión podría (en condicional ya que no pude encontrar información específica a la especie en relación a su visión) tener una visión menos desarrollada basandose en otros sentidos para detectar a sus presas. Siempre teorizando me aventuro a especular que para el lenguado el pejerrey se ve cómo un pejerrey aunque no se mueva cómo un pejerrey y con eso le basta ya que confía en lo que sus ojos le informan , para la corvina el pejerrey no se mueve cómo pejerrey y al no moverse naturalmente simplemente no lo detecta cómo presa, ya que seguramente la corvina se basa predominantemente en otros sentidos más que en su visión para cazar.

Hasta ahora hemos visto en detalle la capacidad de los peces de diferenciar los colores a través de las células fotosensibles llamadas conos, a continuación vamos a analizar otro tipo de células presentes en la retina tanto en nuestros ojos cómo en el de los peces que sirven para ver cuando el umbral de luminosidad no alcanza a activar los conos y sirve para ver de noche, las llamadas células tipo bastón, ellas no perciben colores ni pueden alcanzar una buena resolución, pero si nos permiten ver en condiciones de poca iluminación cómo es la noche.

Cómo vimos anteriormente, en nuestros ojos podemos ajustar la cantidad de luz que ingresa a nuestra retira contrayendo o expandiendo la pupila a través del iris, lo que nos permite en cuestión de unos pocos minutos adaptarnos a entornos cambiantes de luminosidad, al pasar de un lugar iluminado a uno oscuro el ojo humano se demora alrededor de 8 minutos en adaptarse y unos 30 minutos en alcanzar la máxima sensibilidad a la visión nocturna. Pero si recordamos lo aprendido hasta ahora, notaríamos que precisamos que el conjunto iris-pupila es fijo en los peces por lo que no pueden regular la cantidad de luz que ingresa al ojo, de modo que para poder adaptarse a las condiciones cambiantes de luz los peces optaron por un proceso distinto. En su retira los peces tienen una densa capa pigmentada, similar a una tinta negra, que mediante un reloj biológico, en determinado momento del día comienza a sumergir en ella las células tipo cono y emerger la de tipo bastón(y viceversa al amanecer), este proceso toma un tiempo bastante más largo, desde los 30 minutos en adaptarse a 3 horas en promedio para alcanzar la máxima sensibilidad. Por ende hay momentos al amanecer y atardecer en que los peces experimentan problemas de adaptación visual, si le sumamos cambios lumínicos rápidos cómo nubes o arreboles, nos entregan una importante ventana de oportunidades para poder engañar al pez, coincidiendo precisamente con los periodos de mejor actividad en la pesca.

Una vez adaptados a la oscuridad, los peces en general tienen una excelente visión nocturna, muy superior a la nuestra, y en los peces de hábitos nocturnos, cómo el apañado, congrio, y tiburones entre otros, poseen en la parte posterior de la retina, una capa de tejido llamada tapetum lucidum que funciona cómo un espejo haciendo rebotar los rayos de luz de vuelta en la retina para poder aprovechar la máximo la luminosidad de la noche, algo muy típico de los felinos que vemos que sus ojos brillan en la noche al alumbrarlos con una linterna.

Por lo anterior la pesca con artificiales durante la noche nos entrega muchos beneficios ya que muchos de nuestras especies precisamente están más activos en la noche que en el día, entre ellos los lenguados(aunque no con la armada típica con pejerrey), además en la noche los peces tiene  menos aprehensiones a acercarse a la orilla o salir de sus escondites al poder ocultarse mejor de sus depredadores.

El gusto y el tacto

Tanto el gusto cómo el tacto también han tenido una evolución distinta a la nuestra y están altamente especializados a su medio, un caso muy descriptivo son los bagres que desarrollaron órganos especiales para sondear y saborear el entorno mediante unas barbas especiales. Sin embargo en materia de pesca con señuelos artificiales, ambos sentidos entran en acción una vez desencadenado el ataque y su importancia para estos efectos es marginal y se remite al uso de señuelos blandos tipo vinilos con anzuelos antialgas o la pesca en superficie, en las cuales debemos esperar que el propio pez cargue la línea para recién clavarlo, en dicho escenario es importante que el pez mantenga en la boca el señuelo por uno o dos segundo, lo que implica engañarlo en ambos sentidos gusto-tacto, pero en la pesca en mar se vuelve intrascendente, por lo anterior abarcar en profundidad estos sentidos alargaría en demasía este documento por lo que de momento lo vamos a obviar.

La línea lateral

Hasta este punto podemos asimilar bastante bien los órganos sensoriales de los peces comparándolos con los nuestros, sin embargo la larga evolución de la vida en el mar, le ha dado tiempo a los peces para ir más allá y complementar sus capacidades sensoriales con algunos órganos asombrosos, el primordial es la línea lateral que resulta vital para su supervivencia.

La línea lateral está compuesta por una serie de canales o tubos que recorren el cuerpo longitudinalmente a ambos costados, cómo se aprecia claramente en el apañado de la foto, pero que no siempre es tan visible y además se distribuye por arriba del hocico y bordeando los ojos generalmente. Cada uno de estos canales se le conoce cómo neuromastos, básicamente cada uno de ellos está conectado con el exterior mediante un tapón gelatinoso, luego tienen un líquido que rellena los tubos y una serie de celular ciliares, cómo pelitos de distinto grosor y largo que son activados al recibir una onda de choque producido por el desplazamiento de otros animales o del mismo pez, dicha onda ejerce presión en distinta magnitud y produce la activación de estás células que están conectadas a una matriz nerviosa que envía la información al cerebro. Si nos parece similar al funcionamiento del oído interno es porque precisamente se estima que este sentido evolucionó a partir de él.

Hay una diferencia entre los neuromastos que se subdividen en neuromastos de canal, que son los que recorren el cuerpo a lo largo y los de la cabeza que se llaman neuromastos superficiales, ya que cumplen funciones distintas. Estos últimos son mucho más sensibles ya que están en contacto directo con la piel y le sirven al pez principalmente para detectar las mareas, cosa que resulta prioritario para los peces para calcular el costo energético al momento de desplazarse o cazar. Si vemos el caso de la corvina por ejemplo, que usualmente se aventura a la orilla misma para comer pulga de mar (muy muy) o nape (camarón fantasma o marucha en Perú), prácticamente se juega la vida en cada salida ya que si calculara mal la velocidad y altura de la ola fácilmente podría quedar varada, o simplemente el costo energético de nadar contra la corriente sería más alto que el premio calórico del alimento capturado. Es tan importante este factor que si llegase a fallar este órgano sensitivo el pez vería seriamente afectada su superviviencia.

Por su parte los neuromastos de canal, los que se distribuyen por los costados del pez, funcionan más a lo que asociaríamos con un sonar(aunque ambos tipos de neuromastos cumplen ambas funciones pero con distinta especificación), es decir al desplazarse el pez en sus movimientos mueve el agua formando ondas que al chocar contra un objeto rebotan en distintos ángulos, estas ondas de rebote son percibidas por la línea lateral con tal grado de precisión que el pez puede armar un mapa mental de los objetos que lo rodean, en un radio de 5 metros aproximadamente, y puede nadar en total y absoluta oscuridad basándose exclusivamente en este órgano sensorial. Del mismo modo puede percibir las ondas generadas por otros animales, identificando presas o depredadores, estimando su velocidad, tamaño y ubicación.

Además de esto, la línea lateral les permite a los peces comunicarse por sus congéneres y formar cardúmenes compactos, ya que la seguridad del grupo es mucho más efectiva al momento de escapar de un depredador, cuando una bola de sardinas es atacada por un lobo por ejemplo, rápidamente responde moviéndose todos los peces de forma sincronizada, dificultándole al depredador poder atacar a un individuo en particular, pero si una sardina abandona el grupo sería una presa fácil para la velocidad de un tiburón o un lobo de mar. Para lograr esto los peces usan su línea lateral cómo coordinador de estas acciones, cuando una sardina huye de un depredador y se mueve a su izquierda por ejemplo, genera una onda de choque que es percibida por la línea lateral de la sardina que se encuentra a la izquierda y esta automáticamente replica el movimiento y así es una milésima de segundo todo el cardumen se mueve en la misma dirección logrando una sincronía perfecta que sería imposible de lograr sólo con el sonido o la vista(aunque está última igual tiene cierto papel en este mecanismo de defensa).

En la pesca con señuelos artificiales este es el sentido en el que más debíamos enfocarnos, ya que si bien es cierto el olfato, el oído y la vista le permiten al pez detectar nuestro señuelo, el órgano sensitivo que determina el ataque es la línea lateral. Existe un movimiento que se especifica en los señuelos duros pero también se aplica a la cola de los vinilos y al bamboleo de jig y cucharillas oscilantes que es el llamado wobbling, que podríamos traducir cómo bamboleo, meneo o más simple coleteo, tal cómo se describe en este video.

El movimiento de la cola de nuestros señuelos genera ondas de presión tal cómo cuando tiramos una piedra al agua y se hacen ondas en círculos que se desplazan por el agua, está misma estela queda reverberando en el agua incuso por más de un minuto,  la cadencia y amplitud de ese movimiento, determinado por el diseño del señuelo mismo y por la velocidad en que lo trabajemos puede recrear los movimientos de un pez asustado, herido, moribundo o simplemente marcar su presencia. En la pesca con vinilos por ejemplo hemos tenido respuesta en noches totalmente cerradas y sin luna, a buenos metros de profundidad en dónde visualmente sería casi imposible al pez identificarlo, menos percibir colores pero el movimiento de la cola desencadenó el ataque. En virtud de eso en el mercado tenemos señuelos de nado muy sutil cómo los slim, a otros más marcado cómo los MD a señuelos que exageran brutalmente este movimientos cómo los tipo vibre, y varios otros modelos intermedios, cuál ocupar dependerá de factores ambientales, mala visibilidad obligaría al pez a basarse en su línea lateral por lo que se podrían preferir señuelos que emitan más vibraciones, en cambio una buena visibilidad permitiría la detección visual de nuestro señuelo y bastaría una emisión sutil de ondas para que el pez no sospeche de un nado antinatural,  del mismo modo en procesos alimenticios inminentes la emisión de fuertes ondas sería preferible para enfocar al pez entremedio de ese caos sensorial y para peces más aletargados y una nado más pausado y natural podría ser más oportuno, todas teorías que es menester del pescador utilizar variando las alternativas que nos entregan los distintos modelos de señuelos.

Si recordamos la teoría de porque la corvina no ataca las armadas con pejerrey que usamos en la pesca del lenguado, la respuesta ahora nos debería parecer más obvia, las ondas de impacto de un  pejerrey muerto son marginales y difícilmente serían detectadas por la corvina, salvo que pase extremadamente cerca y visualmente la corvina defina el ataque, cosa que pasa en muy pocas ocasiones.

La electro recepción

Estos órganos sensoriales solo están presentes en los escualos, rayas y quimeras, y reciben el nombre de ampollas de Lorenzini en mención al científico que las descubrió. Básicamente son una serie de poros, observables a simple vista de color oscuro, dispuesto en la parte baja de la cabeza, llenos de un gel especial que tiene características de comportarse cómo un semiconductor y al final de estos poros se encuentran unas células electrosensibles que permite captar los estímulos eléctricos emitidos por los espasmos musculares de otros animales a un nivel increíblemente bajo de potencia, en torno a los 5 nanovolt(un nano volt, es un volt partido por mil millones), visualizándolos aún cuando estos estén enterrados bajo la arena o debajo de alguna piedra e incluso con ese nivel de recepción pueden leer el campo electromagnético de la tierra permitiendole ver las mareas que circundan la tierra y de está forma emprender lejanas migraciones con el mínimo esfuerzo posible.

Obviamente sería muy difícil aprovechar este órganos sensorial en un señuelo artificial, al menos por ahora, pero su asombrosa naturaleza me llevo a documentarlo en esta guía.

Otros aspectos fisiológicos de los peces

Los peces y la temperatura

Existen diversas formas de agrupar a los seres vivos para efectos de su estudio, uno que nos resultará muy interesante es la división entre los animales que podemos regular nuestra temperatura, cómo los mamíferos, los llamados Homeotermos o endotermos, que mediante mecanismos fisiológicos mantenemos una temperatura interna independiente de la ambiental, así cuando nos exponemos a temperaturas altas empezados a transpirar para poder disipar el calor o cuando tenemos frio empezamos a tiritar para generar calor, esto dentro de un rango tolerable o nos expondríamos a un shock calórico o a la hipotermia, ambos casos llevamos al extremo nos resultarían fatales.

En el caso de los peces, les resulta mucho más difícil poder mantener una temperatura interna distinta del entorno ya que por  efecto de la disipación del calor en el agua pierden muy rápido el calor de la sangre al pasarla por las branquias que es una capa muy fina de tejido en dónde se produce el intercambio gaseoso que les permite respirar pero al exponerlas la sangre se enfría rápidamente. Es por eso que la inmensa mayoría de los peces pertenecen a una clasificación que se llama Poiquilotermos o ectotermos, es decir que su temperatura corporal depende de la temperatura del entorno. Una de las pocas excepciones dentro de los peces lo son algunos tipos de atunes, que mediante un proceso de fricción de sus células en el torrente sanguíneo logran aumentar hasta en 10° su temperatura corporal, consumiendo grandes cantidades de energía, y por lo mismo una vez cazados se deben refrigerar de inmediato o se terminará cociendo con el calor residual de la batalla.

Los peces en general se pueden adaptar a un rango relativamente amplio de temperaturas, sin embargo la temperatura afecta de forma directa su metabolismo, su reproducción y sus barreras inmunitarias. En nuestras costas las aguas superficiales generalmente oscilan entre los 15 y 21 grados celcius en invierno y verano respectivamente, tal cómo se aprecia en el gráfico entregado por shoa para el año 2018 en las costas de Antofagasta, El agua fría contiene más oxígeno y disponibilidad de nutrientes, y el agua caliente a la inversa, cómo ejemplo en el agua marina a 15° se encuentran 10 mg/l de oxígeno y a 30° sólo 1 mg/l.

Cuando la temperatura se encuentra por debajo de lo tolerable por el pez, este disminuye la natación, su metabolismo se ralentiza, el consumo de oxígeno disminuye y se produce el cese de la alimentación. Por el contrario, si la temperatura sobrepasa lo tolerable por el pez, se aumenta el metabolismo, aumenta el consumo de oxígeno hasta llegar a la hiperventilación, estrés y baja el apetito, cosa que tristemente vemos en el pez capturado al arrojarlo vivo a una poza de agua intentando boquear en la superficie tratando de captar algo de oxígeno en el agua recalentada por el sol. Además si consideramos la temperatura corporal de los peces comparada con la de nuestras manos, rocas o superficies secas, fácilmente se llega al doble, es cómo si a nosotros que tenemos una temperatura interna de 36° no pusieran en una parrilla a 70°, por lo que cómo buenos pescadores recreativos y amantes de la naturaleza les insto a tomarse un minuto y sacrificar el pescado que se van a llevar y evitar una lacerante agonía.

La temperatura del mar varía en la medida que profundizamos, existe una buena variabilidad en la capa superficial que en la medida que se profundiza empieza a bajar hasta llegado un punto en que cae abruptamente, a esa capa de agua se le llama termoclina, desde ahí hacía abajo la temperatura se mantiene constante y baja el nivel de oxígeno y aumenta la salinidad. En la capa superficial, por sobre los 100 metros, es dónde los peces se van adaptando de forma de buscar aguas más cálidas o más frías en que su metabolismo se acomode mejor, cosa especialmente notorio en los lenguados, especialmente los grandes, que pueden habitar a profundidades de entre 1 metro hasta los 50 y una de las variables de dónde se encuentren viene dada por la temperatura.

Cómo vimos en el norte de Chile, la temperatura superficial del agua oscila entre los 15 a 21 grados celcius y nuestra fauna está adaptada a ello, pero pequeños cambios generan importantes alteraciones cómo es el caso del fenómeno del niño, una alteración climática que provoca el debilitamiento de la corriente helada de humbolt que se desvía permitiendo ingresar el agua cálida del trópico, usualmente en torno a un incremento de 1.5° a 2°, lo que resulta suficiente para sobrepasar el límite de peces cómo la sardina y la anchoveta que origina a su vez la migración de los peces pelágicos cómo jureles, corvinas, sierras entre otros y atrayendo a nuestras costas peces de aguas más cálidas cómo serviolas, bonitos, tiburones y uno que otro visitante muy esporádico cómo el pampanito que un par de veces he capturado por estas aguas. En virtud de eso podemos imaginar los estragos que produjeron fenómenos muy marcados del niños de los años 1982 y 1997 en que se registraron casi 5° de diferencia. Del mismo modo existe una contraparte con los periodos de la niña en que el agua superficial se enfría por bajo lo normal, todos estos procesos desencadenan cambios importantes en los procesos reproductivos (que es cuando más se acercan a  la costa y podemos pescarlos) como de crecimiento y mortandad, especialmente en aves y mamíferos marinos.

Si bien es cierto nuestras costas no poseen cambios extremos si hay algunas variantes que debemos estar atentos, cómo la migración de los peces, los meses de reproducción y algunos patrones de comportamiento que he podido observar en relación a la temperatura, por ejemplo en invierno es usual que la actividad de los lenguados no sea al alba, sino más bien a media mañana e incuso en horas de mucha luz, lo que podría estar asociado a un cierto aletargamiento producido por la menor temperatura invernal del agua, a la inversa en verano, en dónde en general el alba nos entrega las mejores pesca y al sol de medio día son muy esporádicas las capturas. Entendiendo por cierto que sólo trato de identificar cierto patrón y obviamente hay días en que la actividad de los peces rompe estos esquemas pero en líneas generales se me ha presentado esta tendencia.

Memoria de pez

Todos nos reímos con la desmemoriada Doris, la amiga olvidadiza de Nemo en la película de pixar, y es que los peces tiene fama de tener una memoria de muy corto plazo, algunos estudios difieren y es difícil generalizar, pero lo sitúan entre 30 segundos a algunos meses pero lejos de nuestra capacidad de recordar, en algunos casos para toda la vida.

En la carrera evolutiva los humanos nos basamos casi exclusivamente en nuestra capacidad cerebral y una función determinante de nuestra éxito radica en la capacidad de transmitir el aprendizaje de nuestra especie, para ello nuestro cerebro evolucionó para desarrollar intrincados mecanismos para archivar el conocimiento, nuevamente, al igual que con la visión, invertimos un gran gasto energético en estos menesteres, ecuación que para suerte de nosotros ha resultado exitosa.

Pero si los peces optaron por no hacer el gasto energético de manejar una memoria a largo plazo ¿cómo es que traspasan el conocimiento que le permita a las nuevas generaciones enfrentar de mejor forma los cambios evolutivos a los que se enfrenta?.

La respuesta es simplemente asombrosa y me hace dudar cuál especie está mejor adaptada para cambios repentinos, si los peces o los humanos, y es que los peces nacen sabiendo todo lo que tiene que saber, las adaptaciones necesarias se transmiten rápidamente por los genes. Una respuesta relativamente rápida a un cambio ambiental extremo lo vemos en la evolución que tuvieron los cojinovas, jureles, merluzas ante la sobre explotación criminal de las pesqueras desde los años 70 a la fecha, los peces genéticamente respondieron adelantando su maduración sexual y reduciendo su tamaño, me pregunto ante una amenaza similar cómo especie humana ¿cómo responderíamos?.

Ciertamente hay un desarrollo discreto de la memoria en los peces, el sonido de los pellet en los criaderos se asocia rápidamente a alimento, incluso en los acuaristas tenemos el Astronotus oscelatus, conocido de forma común cómo pez oscar, habitante del amazonas, que reconoce a su dueño y es una verdadera mascota, al cuál al igual que a un perro uno le habla o se acerca al acuario para que revolotee cómo loco, cosa que no pasa con otras personas. Tuve alguno por varios años y recuerdo con mucho cariño.

Reitero las excusas que pudiera tener este documento en términos académicos y científicos, nos busco posicionarlo en ese ámbito, simplemente hago la invitación a conocer un poco más  a cerca de la biología de los peces (y la nuestra de paso) para tener una visión más amplia y cómo buenos pescadores recreativos tengamos una explicación del porqué funciona algo y tratar de explotar esos conocimientos para nuestro favor, así veo la pesca, no cómo una ciencia exacta sino cómo la suma de variables que nos llevan al objetivo final que es lograr engañar al pez, más allá de la actividad meramente extractiva.

Espero haber logrado despertar tu intereses en conocer a nuestros esquivos peces y aportar un poco a la difusión de nuestro querido deporte, Saludos y buena pesca para todos.

Mauricio Hernández Aliaga – Mecano.